Loathe – A Stranger To You (2026)

Algo que me gusta insistir al reseñar música es que existen bandas que consiguen construir un lenguaje propio. No me refiero a “un sonido”, porque los sonidos pueden copiarse y replicarse; sino a una forma específica de codificar la convencionalidad de sus ideas, o sea, un lenguaje. Loathe pertenece a esa categoría desde hace tiempo. Cuando rompieron sus seis años de silencio discográfico tras “I Let It In and It Took Everything”, un disco impulsado por giras, festivales y una comunidad que lo convirtió en álbum prácticamente de culto, la pregunta más evidente era si tenía sentido volver siendo exactamente la misma banda. A Stranger To You responde esa pregunta desde la primera canción: No.

Lo curioso de A Stranger To You es que el ajuste o aporte no consiste en hacerse más pesados, más “progresivos” (sea lo que sea que eso signifique a día de hoy) o más experimentales por el simple hecho de poder serlo. El cambio consiste, paradójicamente, en dejar de demostrar que pueden hacerlo. Si “I Let It In and It Took Everything” construía su identidad alrededor del contraste constante, pues estaba presente la viñeta de calma seguida por la demolición de los blast-beats absoluta, la textura del shoegaze aplastada por un break, pero aquí Loathe parecen mucho más interesados en escribir canciones que respiren por sí mismas, independientemente de su relación con esa experiencia de “gancho” en quien escucha. El aparente caos sigue existiendo, pero ya no gobierna toda la experiencia. Ahora aparece estrictamente cuando tiene que aparecer.

loathe reseña punkcast a tranger to you 2026 nota

Musicalmente, es un disco mayormente percusivo. La batería y las guitarras funcionan como un impulso físico o un “bombeo” en el aire que se encuentra entre la membrana de los altavoces/audífonos y la parte perceptiva del oído, que como bloques de sentido armónico. De hecho, en términos de armonía, el álbum es sorprendentemente discreto. Muchas de las piezas permanecen suspendidas sobre muy pocos centros tonales, reservando los grandes desplazamientos para momentos muy específicos, especialmente cuando la banda recurre al vocabulario sonoro que ya les conocíamos. La economía de recursos hace que, cuando finalmente llegan los estallidos característicos de la banda, tengan muchísimo más peso (tal vez a modo de craving, para los que sepan sobre adicciones me entenderán mejor).

La producción merece un apartado técnico propio. Si alguien me preguntara cómo suena este disco sin ponerlo, la respuesta más honesta sería: “como si alguien decidiera reventarte un petardo dentro de los audífonos… pero siendo esto un halago”. Cada golpe de tarola parece una detonación. Los graves asumen una presencia física imponente (al menos para personas como quien escribe esto, que nos gusta escuchar música a volumen alto), y las guitarras ocupan el espacio estéreo como una nube abrasiva y de textura rugosa, como si tuvieras rollos de lija mojada. Hablar de la textura de los sintetizadores es obligarse a ponerse creativo para la descripción, pero eso se lo dejo al lector. Es un disco pensado para quienes encuentran placer en el ruido como materia musical (dicho casi literalmente). Sin embargo, el verdadero punto de quiebre ocurre en las letras.

Existe una novela de Witold Gombrowicz llamada Cosmos¹. En ella, los personajes intentan desesperadamente encontrar relaciones entre acontecimientos completamente arbitrarios: un gorrión colgado, una grieta en la pared, un gesto, una rama. Como nada parece tener un sentido inherente, el ser humano hace lo que mejor sabe hacer: inventar patrones. Las letras de A Stranger To You suelen hacer referencia a este tipo de “necesidad” de obligar a hacer sentido a cosas que se escapan de nuestro control.

Frases como «Chasing these lines that I’ve drawn» o «Colouring lines out of control» narran la historia de personas intentando dibujar líneas donde quizá nunca existieron. Es como si pudiéramos ver la compulsión de organizar un mundo que constantemente se desordena.

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Si dejamos de lado el mentalismo y leemos esto desde una perspectiva más intelectualmente honesta y sin los clichés cursis en los que se cae al querer hablar de ello, esos «fantasmas», «sombras» o «enemigos» dejan de ser entidades abstractas o “motivos”  inherentes. Se convierten simplemente en eventos que solo experimenta quien los observa frente a contingencias que resultan demasiado grandes para el repertorio actual del individuo. Dicho esto, podemos empezar a quitar el velo de misterio sobre los temas que aborda Loathe: la evitación.

Existe un experimento clásico de Brady (1958)² donde se demostró que el organismo que desarrolla el mayor deterioro fisiológico (úlceras letales) no es el que recibe la mayor cantidad de castigos, sino el «mono ejecutivo» que permanece constantemente intentando evitarlos. La vigilancia permanente termina siendo mucho más costosa y destructiva que el propio estímulo aversivo. Eso es precisamente lo que narra Loathe, sin saberlo, durante buena parte del disco («It’s harder to pretend»). La fortaleza que cae en Fortress Down no es destruida desde afuera por un agente externo, pues termina siendo algo que colapsa porque mantener ese repertorio de evitación en pie consume demasiada energía solo por la ilusión de mantener el tren sobre las vías.

En tracks como Meet My Maker o Gemini, vemos otro conflicto estructural: el choque violento entre la conducta gobernada por reglas (lo que nos enseñaron sobre quiénes deberíamos ser) y las contingencias reales de nuestra experiencia. El sujeto lírico termina alienado, hablándose a sí mismo, simplemente porque las reglas verbales dejaron de servirle para interactuar con su entorno.

Quizá ahí radica la mayor diferencia respecto al disco anterior, que muchos llaman su obra maestra. Antes, Loathe parecía fascinado por describir el colapso, a secas. Aquí, la banda parece interesada en describir qué ocurre después, ¿Existe alguna alternativa cuando ya te diste cuenta de que cavaste el pozo en el que caíste? 

El cierre con No Stranger To You no resuelve mágicamente los problemas de nadie. Lo que cambia no es el mundo, sino la relación que tienen con él. Al cantar «I will see it through» y «I’m no stranger to you», el protagonista cesa su huida. Ya no hay una lucha desesperada por expulsar las experiencias dolorosas; sino que adopta una aceptación de raíz. Sólo queda atravesarlos y saber que “pueden estar ahí”. 

Musicalmente ocurre una metamorfosis idéntica. Los momentos densos ya no buscan aplastar constantemente al oyente por factor sorpresa, pues aquí aparecen como consecuencias estructurales naturales de canciones que vienen construyéndose desde mucho antes. Incluso Gemini, que termina mutando hacia un delirio casi techno, o Gifted Every Strength, con un solo de guitarra (que por momentos recuerda a lo más “normalito” que ha compuesto The Mars Volta) colocado exactamente donde cualquier otra banda habría metido un breakdown genérico (si bien sería un insulto llamar “metalcore” a Loathe, muchos de sus escuchas si se identifican con esa escena, la cual muy original dejó de ser después de un año de su nacimiento), muestran a unos músicos muchísimo más interesados en la arquitectura completa de la canción que en sorprenderte cada treinta segundos, cosa por la que “I Let It In And It Took Everything” probablemente sea uno de esos álbumes favoritos para hacer video-reacción en Youtube.

¿Es mejor que I Let It In And It Took Everything? Creo que esa es la pregunta equivocada. Es distinto. Para muchos será extraño, puede que lo sea para tí (¿entiendes?). Loathe advierte desde el nombre del álbum que saben que por poco que intenten ser innovadores o sorprendentes con este lanzamiento, podrá shockear a quienes esperen algo diferente viniendo de ellos. Habría sido sumamente sencillo entrar al estudio y fabricar un I Let It In… Parte 2. Lo difícil era aceptar que seis años también cambian a quien escribe las canciones. Loathe, como banda, entendió eso mucho antes que buena parte de su público.

@owls_anwts para tu PUNKCAST favorito.

Lecturas complementarias para los interesados:

¹Gombrowicz, W. (2011). Cosmos. Grove Press.
²Brady, J. V., Porter, R. W., Conrad, D. G., & Mason, J. W. (1958). Avoidance behavior and the development of duodenal ulcers. Journal of the Experimental Analysis of Behavior, 1(1), 69.

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