Hablar del Vans Warped Tour en México da para mucho. Durante años hemos visto cómo festivales extranjeros se aventuran a llegar a nuevos países y ciudades con la posibilidad de encontrarse con públicos distintos. También hemos visto festivales nacionales cambiar de sede, crear ediciones alternas o intentar crecer y terminar sin conseguirlo. Al final, organizar un festival siempre es una moneda al aire.
Por eso, que el Vans Warped Tour finalmente llegara a México en 2026 tenía un peso especial. Después de un intento anterior que no consiguió concretarse, esta vez el festival que muchos conocimos desde adolescentes dejó de ser algo que veíamos únicamente en videos y fotos: por fin pudimos vivirlo en casa.

Lo que sí tiene que mejorar el Vans Warped Tour
Quiero empezar por lo negativo, porque también forma parte de una experiencia que vale la pena analizar.
Mucho se habló de los horarios encimados, pero ese punto realmente no me parece un problema. El formato del Warped Tour siempre ha funcionado de esa manera y quien conoce el festival sabe que elegir entre bandas es parte de la experiencia.

Donde sí creo que hubo un problema importante fue en la operación del escenario Corona Cero. No por su ubicación: de hecho, tener los escenarios relativamente cerca hacía mucho más cómodo moverse entre ellos. El problema fue que parecía quedar en segundo plano frente a los demás escenarios.

Hubo problemas de audio, con poco volumen y una ecualización que en distintos momentos no terminó de funcionar. Lo más preocupante fue que esto ocurrió durante presentaciones de bandas con una convocatoria considerable. Actos como Jutes, Say Ocean e incluso 2 Minutos se enfrentaron a estas condiciones, y era evidente la molestia de parte del público.
El escenario también se quedó pequeño para algunos momentos. No había pantallas y, con tanta gente reunida, la experiencia podía volverse complicada. Para mí, el error no estuvo en colocar determinadas bandas ahí, sino en subestimar la convocatoria que podían generar.

Y el audio no fue exclusivo de Corona Cero. En otros escenarios también hubo momentos extraños: Glassjaw, por ejemplo, podía sonar potentísimo en algunos elementos y perder definición en otros, mientras que durante Thrice hubo pequeños silencios producto de problemas de audio. Curiosamente, en algunas ocasiones parecía escucharse mejor desde el fondo del público que estando más cerca del escenario.
Aun así, siendo objetivos, el sonido general cumplió. No fue un desastre de festival y hay que reconocer que muchos de estos problemas fueron puntuales. La lluvia o el olor desagradable en la zona de merch de artistas gráficos, por ejemplo, son situaciones que difícilmente pueden atribuirse directamente a la organización. Incluso se podía ver al personal intentando solucionar los problemas provocados por el agua.
Pero estos detalles sí deberían servir como aprendizaje para una siguiente edición.
También vale la pena hablar de las cancelaciones que ocurrieron durante el festival. Evidentemente, perderte a una banda que esperabas ver merma la experiencia del público, sobre todo cuando se trata de nombres tan esperados, pero no todo lo que sucede durante un festival está en manos de la organización. En este caso, Jimmy Eat World, Rise Against y Sleep Theory manifestaron situaciones relacionadas con su salud que les impidieron presentarse. Son circunstancias difíciles de prever y, aunque como público podemos sentir la decepción, me parece importante no confundir una cancelación de último momento con una falla de producción. Un festival puede tener todo listo y aun así encontrarse con situaciones que simplemente están fuera de su control.



Un cartel pensado para varias generaciones
Ahora sí, vamos a lo bueno.
En lo personal, puedo decir que este fue el mejor festival al que he asistido. Y sí, mi opinión está completamente atravesada por algo muy sencillo: llevo desde los 13 años queriendo vivir un Vans Warped Tour. Ahora tengo 34 y finalmente pude estar ahí.
Pero incluso dejando de lado esa parte emocional, creo que el cartel consiguió algo bastante difícil: reunir diferentes generaciones.

Estaban bandas jóvenes como BLNKO junto a proyectos con décadas de trayectoria como Pennywise o The Casualties. Había nombres que algunos llevábamos años esperando y otros que descubrimos prácticamente ese mismo fin de semana.
¿Podrían haber estado otras bandas? Claro. Todos tenemos nuestra lista de grupos que nos habría encantado ver. Pero hacer coincidir agendas, giras, presupuestos y disponibilidad de tantos artistas es otra historia. Lo importante es que este primer paso deja abierta la posibilidad de que futuras ediciones sigan creciendo y que otras de esas bandas puedan finalmente llegar a México.
Y, al menos desde mi experiencia, no hubo un escenario donde sintiera que el lineup estuviera realmente flojo.



Moverse por el festival también fue parte de la experiencia
La distribución de los escenarios me pareció bastante cómoda. Los escenarios gemelos de Corona y Vans permitían prácticamente voltear la cabeza para cambiar de una presentación a otra.

También era sencillo moverse hacia Ghost o Beatbox, pasar por las amenidades, entrar a la carpa de Little Caesars o incluso sentarse en las rampas de atrás para escuchar lo que ocurría en Corona Cero.
Había pequeños momentos que terminaban haciendo especial el recorrido: perderte entre los árboles y encontrarte con un acústico mucho más cerca de los artistas, entrar a alguna de las carpas sociales o descubrir que una banda estaba ahí mismo, firmando cosas o tomándose fotos con la gente.
La comida también fue un punto positivo. Para alguien que no consume carne, encontrar opciones en festivales mexicanos puede convertirse en todo un problema. Aquí encontré alternativas y, además, los precios me parecieron razonables frente a lo que normalmente encontramos en este tipo de eventos.
El Warped Tour también fue un reencuentro
Quizá una de las cosas más especiales fue encontrarse con artistas caminando entre el público.

Para muchos treintañeros del centro del país, esta fue la primera oportunidad de vivir un Warped Tour sin tener que cruzar la frontera. Y eso se notaba.
Podías encontrarte a LNG/SHT, Piña, Cardiel, State Champs y otros músicos disfrutando de las mismas bandas que el resto del público. Incluso hubo proyectos que ni siquiera formaban parte del cartel pero viajaron simplemente por el gusto de estar ahí.
Eso dice mucho de lo que significa el Warped Tour para cierta generación.
Existen festivales que nacieron específicamente para recuperar esa nostalgia adolescente de los dosmiles, pero el Warped Tour tiene algo diferente: no solamente intenta recordar una época. Trae consigo toda una cultura que ya formaba parte de nuestras vidas.



Descubrir bandas también fue parte del viaje
Yo quería ver prácticamente todo el cartel. Cesar, en cambio, no conocía alrededor del 80% de las bandas.

Eso terminó siendo bastante divertido porque mientras yo iba detrás de los nombres que llevaba años esperando, él estaba descubriendo una banda tras otra.
Y hubo una frase que se repitió durante el fin de semana: “Wow, qué buena banda”.
Ver cómo alguien que no conocía gran parte del cartel podía sorprenderse de esa manera también habla de la curaduría del festival. No todo tenía que ser nostalgia. Había espacio para descubrir música nueva y salir con nombres que no conocías antes.

Eso, para mí, es una de las cosas que un buen festival debería conseguir.
Vans Warped Tour México: dos días para volver a ser morros
El Vans Warped Tour nos dio algo que durante mucho tiempo parecía imposible: vivir nuestra adolescencia otra vez.
Llorar cantando canciones que nos acompañaron durante la secundaria o el bachillerato. Ver por primera vez en México a bandas que jurábamos que nunca iban a venir. Descubrir a un grupo nuevo y terminar pensando que quizá acabábamos de encontrar una de nuestras próximas bandas favoritas.

Durante dos días nos olvidamos de que había que trabajar, de las responsabilidades y de todo eso que normalmente pesa cuando ya eres adulto. Fuimos a cantar, brincar, descubrir bandas y pasarla bien.
¿Hay cosas que mejorar? Por supuesto. Un festival siempre tiene que escuchar al público y aprender de sus errores si quiere que la gente tenga razones para regresar.
Pero después de esperar más de 20 años para vivir algo que parecía destinado a quedarse del otro lado de la frontera, la pregunta para mí es bastante sencilla: ¿volvería a una siguiente edición?
Claro que sí.
Ha pasado una semana y sigo hablando de lo que fue ese fin de semana. Y probablemente seguiré haciéndolo hasta que llegue la siguiente edición y tenga nuevas bandas, nuevos momentos y nuevas historias que contar.

Porque para muchos de nosotros, el Vans Warped Tour México no fue solamente otro festival.
Fue ese festival que durante años pensamos que nunca íbamos a vivir.