El viernes 10 de abril de 2026, la Arena CDMX recibió a Dream Theater en una noche sin teloneros y con un contexto importante: la gira de Parasomnia, el 30 aniversario del EP A Change of Seasons y los 40 años de la banda. Con la alineación soñada: LaBrie, Petrucci, Myung, Rudess y el regreso de Portnoy, la expectativa estaba en lo más alto, y el público respondió con una fidelidad que se notaba en la cantidad de fans que viajaron desde distintos estados del país.
El show arrancó con el primer acto dedicado a Parasomnia, donde la banda mostró su lado más reciente con una ejecución impecable. Si algo quedó claro desde el inicio es que John Petrucci sigue siendo un monstruo en la guitarra: preciso, limpio y prácticamente infalible. Es de esos músicos que parecen no equivocarse nunca. A su lado, Jordan Rudess volvió a robarse momentos completos con su característico teclado movible, un instrumento tan espectacular como único, que elevó la experiencia visual y sonora.

El segundo acto trajo una mezcla de distintas etapas de la banda, incluyendo momentos destacados como “The Enemy Inside” y “A Rite of Passage”, además de un medley inesperado dentro de “Peruvian Skies” que incluyó fragmentos de Wish You Were Here, Wherever I May Roam y Smoke on the Water. También hubo espacio para lo teatral, con la aparición de un monigote que recordó bastante a la estética clásica de Iron Maiden, sumando un guiño visual que conectó con la tradición del metal más escénico.
La tercera parte fue un regalo directo a los fans más clavados: la interpretación completa de A Change of Seasons, celebrando su aniversario. Aquí la banda reafirmó su capacidad para construir piezas largas sin perder la atención del público, combinando técnica, emoción y cambios constantes de dinámica.

El regreso de Mike Portnoy se sintió natural y necesario. Su energía y estilo volvieron a encajar perfectamente con la banda, dejando la sensación de que tanto él como Dream Theater se necesitaban mutuamente para recuperar esa química clásica.
Sin embargo, no todo fue perfecto. A lo largo del show, las constantes salidas de James LaBrie del escenario y su desempeño vocal dejaron una sensación irregular. Su voz ya no alcanza la potencia de antes, y en varios momentos se percibió limitada frente a la exigencia del setlist. A esto se sumó un intermedio de aproximadamente 25 minutos que cortó un poco el ritmo del concierto.
Aun con esos detalles, el concierto fue una demostración clara de por qué Dream Theater sigue siendo una de las bandas más importantes del metal progresivo. Técnica impecable, un repertorio ambicioso y una base de fans que sigue respondiendo con lealtad absoluta. Una noche que equilibró nostalgia, virtuosismo y realidad.